| El
PT brasileño está en la mira El asesinato de Celso
Daniel, coordinador del programa de gobierno de
Lula, fue el quinto ataque contra un
líder del PT en un año.
El asesinato del coordinador del programa de
gobierno del izquierdista opositor Partido de los
Trabajadores (PT) de Brasil, Celso Daniel,
movilizó ayer a la clase política y la sociedad
de Brasil y puede tener consecuencias en las
elecciones generales de octubre próximo. El
grado de violencia y arrogancia de los asaltos y
secuestros requiere una acción enérgica de
todos. Por encima de partidos, creencias y
posiciones sociales, es necesaria la unión de
todos por la paz y contra la violencia,
declaró el presidente Fernando Henrique Cardoso,
en un comunicado oficial.
Celso Daniel era alcalde del industrial municipio
de Santo André del área metropolitana de San
Pablo, y uno de los hombres de confianza del líder
del PT y candidato favorito a la Presidencia de
Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Daniel, de 50
años, fue secuestrado el viernes de noche cuando
el vehículo blindado en el que viajaba fue
interceptado por ocho hombres en una calle de San
Pablo, y su cuerpo fue encontrado ayer sin vida,
acribillado a balazos, muchos de ellos en el
rostro. El vehículo pertenecía a un empresario
que se había ofrecido a llevarlo a su casa;
tanto el empresario como el chofer fueron
liberados inmediatamente por los raptores antes
de huir con su presa. Geraldo Akcmin, gobernador
del Estado, informó que un presunto secuestrador
intentó negociar la libertad del alcalde a
cambio de la transferencia de presos, pero que
las conversaciones terminaron al descubrirse el
cadáver.
La policía investiga dos hipótesis sobre el
homicidio: secuestro con fines financieros un
delito que ha sensibilizado a la sociedad brasileña
y que ha aumentado un 300 por ciento en el último
año en San Pablo, o la represalia política,
ya que se trata del quinto dirigente del PT víctima
de acciones de violencia. Quince alcaldes del PT
en San Pablo recibieron amenazas de muerte por
carta el pasado año, firmadas por una organización
desconocida que se identificó como FARB (Frente
de Acción Revolucionaria Brasileña). En
setiembre fue asesinado el alcalde de Campinas (a
70 kilómetros de San Pablo), Antonio da Costa.
Otros dos alcaldes y un concejal sufrieron
atentados el último año. En todos los casos se
desconoce si fue por motivos políticos o
delincuencia.
Hay una escalada de violencia sin
precedentes contra el partido, afirmó el
secretario de Relaciones Internacionales del PT,
Aloísio Mercadante, que reveló también haber
recibido amenazas. El PT enmarca el asesinato en
la ola de violencia en el industrial y rico
Estado de San Pablo, donde en los primeros nueve
meses del 2001 hubo 12.365 homicidios, según
datos oficiales. El partido lanzó ayer una campaña
nacional contra la violencia y en demanda de
nuevas políticas de seguridad, con un acto ecuménico
en Santo André al que acudieron varios miles de
ciudadanos y la cúpula del PT.
El tema de la violencia se ha convertido en uno
de los más sensibles en la política brasileña
y la precampaña electoral, y la oposición acusa
a los gobernantes del partido de la Social
Democracia Brasileña (PSDB), en el poder en
Brasil y en San Pablo, de no enfrentar el reto.
El asesinato del alcalde de Santo André,
Celso Daniel, es la más fehaciente demostración
del cuadro de violencia en que se encuentra el país.
La barbarie que asume proporciones fantásticas
(...) denota la fragilidad de las políticas públicas
y la desatención de las autoridades, afirmó
la Orden de Abogados de Brasil.
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