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¿Qué es el Plan Puebla Panamá?

Óscar René Vargas
El Nuevo Diario



El Plan Puebla-Panamá (PPP) es un megaproyecto, que pretende impulsar el desarrollo económico y social en una región ubicada desde sur sudoeste de la nación azteca hasta Panamá, que supera el millón de kilómetros cuadrados y en la que habitan alrededor de 64 millones de personas, de las que el 43% son mexicanos y el resto centroamericanos. Abarca los estados mexicanos de Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz, y Yucatán y todos los países ubicados en el istmo centroamericano hasta Panamá, incluyendo Belice.
Uno de sus propósitos es impulsar la construcción de un conjunto de corredores que faciliten la circulación de las mercancías. El PPP simplifica a una Mesoamérica conectada por proyectos de infraestructura (carreteras, interconexión eléctrica, fibra óptica, puertos, etcétera) y un corredor biológico, sin que asomen el bosquejo de proyectos de educación, salud, vivienda y otros vinculados con el directo bienestar de la población.

El fuerte componente de inversión en infraestructura es elemento importante que permitiría mejorar los enlaces con los mercados del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la Unión Europea (UE), y a la vez reducir los costos y por esta vía ganar competitividad. La lógica que da coherencia al PPP es aquella que justifica la maximización de beneficios y minimización de costes de las empresas.

También contempla inversiones en infraestructura hidro-agrícola, convenios de bio-prospección, elemento clave para las empresas farmacéuticas transnacionales que ven en las selvas y bosques del sureste mexicano y de Centroamérica un apreciado botín que les permitiría apropiarse, por medio de las patentes, de los microorganismos y otras formas de vida allí existentes. También se busca la «integración energética» de Mesoamérica. Dicha alianza entre el tiburón y la sardina sería una forma de disfrazar el suministro de energía al centro del poder imperial y garantizar sus intereses de seguridad nacional. Al mismo tiempo, el PPP es un proyecto que servirá para gestionar créditos; es decir, para acumular más deuda. Washington seguirá utilizando la política de la deuda como un arma de dominación al servicio de sus intereses.

En consonancia con los objetivos del ALCA de crear una política energética liberalizada (controlada por las empresas transnacionales generadoras de energía), un mercado continental de agua y un sistema «agro empresarial» de producción de alimentos con fines de lucro; el PPP también se perfila hacia la liberalización de actividades estratégicas como son el petróleo, el gas natural, los cursos de agua, las reservas forestales y la biodiversidad, que sin duda representan apetecidos nichos para las inversiones privadas extranjeras.

El PPP pretende convertir a Mesoamérica en una región maquiladora, con base en la ventaja comparativa salarial de la mano de obra: se crearán empleos para «una fuerza de trabajo sin capacitación». Lo que responde al interés de las maquiladoras, que amenazan con abandonar la franja ensambladora del norte de México ante «los altos costos de producción, la excesiva regulación, el encarecimiento de la mano de obra y la defectuosa infraestructura». Para evitar que las maquiladoras abandonen la región en busca de otros mercados, el PPP trata de habilitar la región mesoamericana con una política de exenciones fiscales y subsidios a las empresas que allí se instalen, y ofreciéndoles mano de obra con sueldos de ganga y sin beneficios sociales.

El PPP forma parte de un proyecto de alcance geoestratégico continental de EEUU, en el que participan sectores del gran capital financiero, consorcios multinacionales y las oligarquías de los países del área mexicano-centroamericana. El PPP no es proyecto nuevo, sino que forma parte del plan geoestratégico del TLCAN y que piensa operar como caballo de Troya del ALCA.

En la nueva fase de expansionismo del capitalismo, el ALCA es la herramienta que EEUU necesita en la competencia por el poder mundial que se libra en torno a tres megamercados: el del yen (bajo la hegemonía de Japón), el del marco (Alemania-Francia) y el del dólar (Estados Unidos). Es decir, el PPP responde a los intereses de seguridad nacional y forma parte de un reposicionamiento geoestratégico de EEUU en América Latina ante el descontento popular creciente producido por las políticas neoliberales. Lo que está en disputa son los vastos recursos acuíferos, de hidrocarburos, madera y biodiversidad hasta ahora vírgenes. Debido a la abundancia de agua, ambas zonas son consideradas idóneas para el nuevo patrón técnico de producción del siglo XXI, en particular la biogenética, las plantas forestales comerciales y de la energía eterna a base de hidrógeno. A lo que se sumará la ''biopiratería'' de los conocimientos etnobotánicos y farmacéuticos ancestrales de la población maya, que pretenden ser patentados por compañías transnacionales.

El impacto positivo que podría generar a una región sumamente pobre, es que sectores de la población podrá acceder a un empleo de mala calidad, poco remunerado y sometido a un alto nivel de explotación que aportarán las maquiladoras y las zonas francas, cuya masiva presencia en el área será una de las principales expresiones de este plan.

El Corredor Biológico Centroamericano comprende 102 millones 304 mil hectáreas. El área representa sólo el 0,5% de la superficie terrestre total del mundo y contiene el 7% de la biodiversidad conocida del planeta. En dicho corredor, que forma parte del PPP; no sólo se resalta la riqueza de fauna y flora sino también su abundancia hidrológica y áreas naturales protegidas. Allí habitan mil 797 especies de mamíferos; 4 mil 153 de aves; mil 882 de reptiles; 944 de anfibios; mil 132 de peces y 75 mil 861 de plantas. De su superficie total, 11,9 millones de hectáreas -poco más de la décima parte de su territorio- son áreas naturales protegidas, las precipitaciones pluviales son considerables y la disponibilidad per cápita de agua es alta en la zona centroamericana.

Nicaragua, Costa Rica y Panamá cuentan con las precipitaciones pluviales más considerables, en los países centroamericanos la disponibilidad de aguas subterráneas por habitante es mayor a la de México. En orden descendente la disponibilidad per cápita es: Belice, 66 mil 470 metros cúbicos; Panamá, 51 mil 616; Nicaragua, 37 mil 484; Costa Rica, 27 mil 936; Honduras, 14 mil 818; Guatemala, 11 mil 805; México, 4 mil 136, y El Salvador, 2 mil 820 metros cúbicos.

Alvin Toffler y Paul Kennedy han vaticinado que los recursos naturales, en especial el agua, serán las grandes armas estratégicas del siglo XXI; se ha señalado incluso que la próxima guerra mundial será por el agua. Los cuantiosos recursos acuíferos de la región Mesoamericana explican, también, las apetencias del capital «global».

Al haber desplazado los EEUU hacia el Pacífico el grueso de sus transacciones comerciales, razón por la cual debe buscar mejores rutas de acceso terrestre o marítimo a ese mar. En la medida en que el 80 por ciento de su actividad económica se encuentra ubicada entre el río Mississippi y la costa del Atlántico, y considerando que las montañas del oeste representan un obstáculo costoso de remontar, se entiende la necesidad que tiene el Este para buscar, en los territorios de México y Centroamérica, rutas más cortas y/ o menos escarpadas para cruzar hacia el Pacífico.

La industria de EEUU necesita que las tierras y materias primas de la región mesoamericana entren al «mercado globalizado», dominado por los tiburones trasnacionales y sus socios locales. Se trata de una nueva operación que se vincula con las privatizaciones, las desregulaciones económicas y ambientales para la inversión extranjera y el llamado «libre comercio», que permitirá el dominio absoluto de las grandes corporaciones trasnacionales sobre los recursos de Mesoamérica, incluida la apropiación intelectual y usufructo de los conocimientos ancestrales de las comunidades indígenas.

La acumulación de capital necesita conectar (comunicar) esa zona de importancia geopolítica mediante «corredores multinodales» (redes de carreteras, ferrocarriles y puertos bajo control privado) para desplazar y enviar a los centros del comercio mundial los contenedores con mercancías (materias primas, cultivos de plantación e invernadero para la exportación, productos ensamblados de las maquiladoras). Los países contraerán más deuda condicionada con el BID, el FMI y el BM, con el fin de financiar las obras de infraestructura necesarias para facilitar la extracción intensiva de bienes naturales, lo que a su vez producirá impactos sociales y ambientales negativos irreversibles, lo que conlleva al círculo vicioso de la deuda externa.

El PPP debe leerse y estudiarse en el contexto geopolítico internacional para desentrañar sus propósitos, sobre todo debido al impacto devastador a la naturaleza, a la pérdida de identidad, cultura y formas de organización, principalmente de las comunidades indígenas. Forman parte de un proyecto geoestratégico continental en el que participan sectores del gran capital financiero, consorcios multinacionales y las oligarquías de las áreas mexicana y centroamericana.



(*) Autor del libro Once años después del ajuste